7 de abril de 2009

Recuerdos de Martes Santo

Tarde de Martes Santo. Tarde de capirotes blancos. Tarde de recogida de colas. Tarde de cirios blancos y de cestas azules. Tarde de emociones. Tarde de recuerdos en San Nicolás.

Recuerdos de aquellos años en los que con mi hermano de la mano desfilaba por aquel tramo de niños en el que aún no tenían cabida las mujeres. Recuerdos de aquellos años en los que me ‘mandaban’ con lágrimas en los ojos para casa cuando Ella se adentraba en sus Jardines. Recuerdos de aquel primer año en el que pude, en el que pudimos todas las hermanas, acompañar a Nuestro Padre Jesús de la Salud y a María Santísima de la Candelaria en su estación de penitencia a la Catedral. Recuerdos de aquel primer año en el que mi madre me preguntaba en cada parón que hasta dónde pensaba llegar mientras yo le repetía que por favor no me quitara en la silla, que me dejara, al menos, hasta San Fernando. Recuerdos de caras conocidas en cada esquina preguntando en qué tramo iba uno, en qué tramo iba el otro. Recuerdos de nervios deseándole al Señor una buena estación de penitencia mientras lo despedía desde el interior de San Nicolás, y recuerdos de orgullo al contemplar desde dentro entre emociones y cansancio la llegada de Ella, aún con el olor impregnado que su paseo por los Jardines le ha dejado en su manto. Recuerdos de años, muchos, aunque uno sólo ya es demasiado, en los que el tiempo nos dejaba en casa. Recuerdos de años en los que la lluvia decía “aquí estoy yo” y corríamos en busca del ‘refugio’ más cercano.

Recuerdos de caras, instantáneas que se quedan guardadas sin saber muy bien por qué pero que vuelven y vuelven cada año, cada Martes Santo. La cara de mi hermano, cuando agarrado de la mano se aferraba a su canasto azul queriendo ser él mismo, sin apenas mantenerse en pie, el que repartiera sus propios caramelos. La cara de mi primo Raúl, repartiendo cirios y poniendo orden entre sus nazarenos mientras se asoma cada cinco minutos al patio de la Casa Hermandad para comprobar si las nubes se mueven o no. La cara de mi primo Juan, de incertidumbre por saber como se organizan los tramos en la Catedral. La cara de mi prima Mª Luisa, siempre pegada a mi, siempre pegada a ella, mientras busca con la mirada a su padre en una Iglesia atestada de túnicas blancas. La cara de mi tío, desencajada cada Martes Santo e incapaz de volver a su estado natural hasta que no deja a su Candelaria ‘acostaita’ en San Nicolás. La cara desesperada de mi madre mientras le replico que no me ha puesto bien la cola, que me aprieta el esparto. La cara de cansancio de mi tía mientras no paraba de sonreír mientras acomodaba el esparto a su hijo.

Y la cara de personas que ya no están. La cara de mi abuela, cuando veía a sus nietos en su casa ya vestidos de nazarenos porque ella no podía salir a la calle a verlos. Y una cara, esa imposible de alejar de mi mente cada vez que mis ojos se clavan en los de Ella. Una cara que su recuerdo trae algo más que un brillo en los ojos. Una cara que cada Martes Santo sacaba fuerzas de dónde nadie sabe para ir junto a Ella. Una cara sonriente en la tarde de San Nicolás y de agotamiento ya en San Fernando. Una cara que cada año se aferraba a salir de nazareno en esa silla de ruedas, quizá buscando esa luz de María Santísima de la Candelaria, quizá cumpliendo el que él sabía era el deseo de su padre. Una cara de superación la de mi primo que hoy, y como viene haciendo durante los últimos ocho años desde donde esté, acompañará a María Santísima de la Candelaria en cada revirá, en cada saeta, en cada rayo de luz que vaya dejando a su paz. Feliz estación de penitencia Nacho.

2 de abril de 2009

Triana mariana, María es trianera

La O es un vocabulario
Con una sola vocal
El Patrocinio oriental
Victoria en un escenario
Triana es un planetario
Donde sólo hay una Estrella
Y no es mejor, es distinto
Ver de frente en San Jacinto
La Salud ¡Cómo destella!

La Esperanza, una mañana
Ante tal trianerío
Soñó con ese Rocío
De primavera aldeana
Cuando Dios creó Triana
Quiso inventarse una vía
Para llegar a María
De una manera diversa
Y dijo Dios, ¡Viceversa,
A Triana, por María!

Antonio Cattoni
(Pregón de la Juventud de la Esperanza de Triana, marzo 2009)

29 de marzo de 2009

Domingo de Pregón

11.30 de la mañana. Domingo de Pregón. Y un año más, el dilema: ¿el pregón o a la calle? Y un año más, y van dos consecutivos, me lanzo por la segunda. Rodearse de cofrades nada amantes del atril es lo que tiene. El día acompaña a ratos, pero nada de abrir paraguas ni de pensar en las cuatro gotas que caen. Pa lanté, hay mucho por ver. Comienza la mañana en San Nicolás, primera parada. Muchos días sin ver la luz de mi Candelaria, aún de hebrea aunque eso sí, con la vista fijada en su ‘palio’, ya montado, y contando con los días para alumbrar a Sevilla con su elegancia.

Dice en el periódico, fiel guía en estos días de cuaresma, que cerquita de San Nicolás hay besamanos. Nos vamos para la Parroquia de San Isidoro. Nuestro Padre Jesús de las Tres Caídas nos espera, a nosotros y seguro que a todas y cada una de las mujeres que este año por primera vez lo podrán acompañar en su estación de penitencia. “Ya era hora”, pensará. Impecable la Parroquia, hacia tiempo que no entraba, repetiré pronto. Y de ahí al Salvador, dónde mejor lugar para citarse con nuevos ‘jartibles’. Nuestra Señora del Socorro ya está en su paso. Nos dicen por megafonía que el templo tiene que cerrar, visita rápida (habrá que volver) al resto de los titulares allí congregados y de nuevo a la calle. Parroquia de San Andrés. Impresionante. Perfecto. Inmejorable besapiés del Santísimo Cristo de la Caridad en su Traslado al Sepulcro. Hay cola, normal. Habrá que esperar, merece la pena. El Misterio ya está montado, observando a cada uno de los que nos arrodillamos a los pies del Señor.

Abandonamos la plaza para dirigirnos a la Iglesia de San Gregorio Magno y disfrutar un año más del besamanos y besapiés del Santo Entierro. Demasiado tarde. Son las 14.00 horas y justo están cerrando las puertas. Nos dicen que volverán a abrirse a las 17.00 horas. Calle Alfonso XII abajo y llegamos a la plaza del Museo. “Qué pequeña”, me susurran al entrar en la capilla. Pero qué orden para que todos los que allí nos congregábamos pudiéramos mostrar nuestros respeto al Santísimo Cristo de la Expiración y a María Santísima de las Aguas.


Un último paseo antes de llenar el estómago. Llegamos a la Magdalena. Hay besamanos en Montserrat pero nos topamos con la puerta cerrada. Parece que habrá que esperar a las 17.00 horas para proseguir nuestro recorrido. Aprovechamos para comer, un cafelito y al Patio de los Naranjos. Nuevos ‘jartibles’ nos esperan. Están más descansados pero las ganas son las mismas. San Pedro es nuestro próximo destino. Y es que si ayer pudimos disfrutar del Santísimo Cristo de Burgos en vía crucis por las calles de su feligresía, hoy era el turno para verlo en su rincón, a la penumbra, frente a frente. Besapiés y de frente la Madre de Dios en la Palma. “Uno de los mejores palios de la Semana Santa”, me dicen.

Doña María Coronel y ya estamos en Bustos Tavera para presentarnos ante Mª Santísima de la Piedad. Nos deleitamos del Antiguo Convento de la Paz, de su patio, de ese encanto que embriaga a cualquiera que traspase su portón de entrada. Precioso el altar y preciosa ella. Muy cerca, la Iglesia de los Terceros. “Vamos a pasarnos, que allí seguro que hay algún paso ya montado”. Sorpresa. El Señor de la Sagrada Cena está en besapiés. No aparecía en nuestro programa. Los caballos de Santa Catalina y la Virgen de las Lágrimas ya están en sus pasos. O lo que es lo mismo el misterio de la hermandad de la Exaltación, ya cuenta los días para el próximo Jueves Santo.

San Juan de la Palma es nuestra siguiente cita. No sé cómo, he pasado de apenas saber llegar a este rincón de Sevilla a visitarlo cada semana. Es la tercera vez en los últimos siete días que me presento frente ante Mª Santísima de la Amargura Coronada y San Juan Evangelista. Ya está en su palio. Sevilla lo sabe y eran muchos, muchísimos, los que hoy se congregaban para verla. A ella y a Nuestro Padre Jesús del Silencio, en besamanos.

19.00 horas. Los pies se resienten. Un último esfuerzo. Realmente merece la pena. Y así ha sido. Caminamos hasta la calle San Fernando para adentrarnos en la capilla de Los Estudiantes. Para quedarnos boquiabiertos ante el besapiés del Cristo de la Buena Muerte y ante Mª Santísima de la Angustia, en su palio. Nos encontramos al pregonero, a ese que horas antes había anunciado que ya estaba aquí, que llegaba nuestra Semana Grande.

Hoy me voy a dormir con olor a incienso en el pelo. Con el recuerdo en mis retinas de bellas imágenes, de encuentros con los de siempre, con los de cada año y con los de todo el año. Ya falta menos. Ya está aquí.


6 de marzo de 2009

¿Por qué?


Llega el 8 de marzo. Llega el Día Internacional de la Mujer. Y llegan una vez más preguntas que cada año resuenan en mis oídos entre sones de perplejidad e incredulidad. ¿Por qué celebrar un Día de la Mujer? ¿Qué se reclama? ¿No se han alcanzado suficientes logros? ¿No hay ya mayoría femenina en las aulas universitarias? ¿No están integradas en el mercado laboral? ¿No acceden a cargos públicos? Son, sin embargo, preguntas legítimas porque evidentemente, de unos años a esta parte, la situación ha cambiado para nosotras las mujeres, alcanzando logros insospechados hace ochos décadas, las que se vienen celebrando el 8M. Pero esos logros no son suficientes. No queremos más. Queremos lo justo. Y por eso, desde este balcón privilegiado, invito a quienes aún se cuestionan por qué, que le pregunten a muchas mujeres que tienen a su alrededor y que siguen dejando sus vidas en manos de sus parejas, a las familias de esas 70 mujeres que el pasado año murieron víctimas de la violencia de género en España. Que le pregunten a las muertas de Ciudad de Juárez, torturadas antes de ser asesinadas. Que le pregunten a esas mujeres que hacen encajes de bolillos con las 24 horas del día para ser mujeres diez en sus trabajos, en sus casas, con sus maridos e hijos. Que le pregunten al 95% de los cuidadores de dependientes, mujeres. Que le pregunten a mi madre, y a la tuya, que llega a casa de trabajar y cocina para todos. Que le pregunten a las miles de inmigrantes que llegan buscando un sueño y se encuentran presas del pánico al no tener documentos para denunciar los atropellos que sufren.

Tal vez oyendo sus respuestas, sus sentires e historias, pasarían a preguntar por qué tan sólo celebrar un día. Un día para celebrar los logros cosechados pero también para reivindicar los pendientes. Sólo un ejemplo. Según “Save de Children” más de 7.000 mujeres en India son asesinadas por sus familias anualmente por causa de leyes no escritas: tener hijos varones evita pagar altas dotes para encontrar marido a sus hijas. Y aún hay quién se pregunta por qué.

22 de febrero de 2009

Todo y nada. Nada pero todo

Los seres humanos somos así. Siempre queremos más. Un mejor coche, una mejor casa, un mejor móvil, un mejor trabajo, la mejor esposa o el mejor novio. Siempre más y mejor. Yo la primera. Por eso cuando contemplas historias como las que a continuación relato, una abre los ojos, miro a mi alrededor, me miro a sí misma y me reprocho ese baremo vital que necesito continuamente superar, siempre anhelando, soñando, esperando, pidiendo, deseando. Pero no todo el mundo es así. Hay personas ante las que yo me maravillo, personas que no piden más de lo que tienen aunque eso a los ojos de los demás sea muy poco.

Personas como el señor que duerme entre cartones desde hace meses debajo de mi casa. Pocos en el barrio sabemos su nombre pero todos lo conocemos. Día y noche, siempre deambula por la misma zona e imagino que deben de ser pocos quienes en el barrio no les suene su cara. La suya y la de su infatigable amiga, la que siempre le acompaña, la que siempre le espera amarrada al semáforo mientras entra a comer algo. Es su perrita, a la que todo el invierno ha paseado de su mano ataviada con su abrigo de cuadros y ha arropado bajo los cartones junto a él durante los últimos meses. Pero un buen día la perra ya no estaba, dormía sólo, paseaba sólo. Inevitable preguntarle por ella. Con lágrimas en los ojos cuenta lo sucedido. Mientras dormía se la han quitado. Imagino que el estado de embriaguez en el que diariamente se haya, sería el culpable de que no se enterara de nada. Dos semanas después vuelve a tener compañía. Es su perra, la que me saludaba cada mediodía cuando de vuelta al trabajo me tocaba parar en el semáforo. La policía la ha encontrado en un barrio marginal de Sevilla, en el Vacie. Eso sí, le han dado un puñalada en el costado, pero parece ser que esta bien. El chip que este hombre se preocupó en ponerle parece ser que ha sido el responsable de que hoy en el barrio contemos de nuevo con su presencia, que ha logrado además cambiar la cara de este hombre que sin nada es feliz con su perrita de la mano.


Ojalá muchos aprendiéramos a ser feliz.

15 de febrero de 2009

Sin nombres

Dicen que a los amigos los eliges tú, y que la familia te viene dada. Y es cierto, los lazos de sangre son los que son, pero hay otro tipo de lazos, quizás los más importantes, que escogemos conscientemente. La magia llega cuando ambos, sangre y elección, se entrelazan sin apenas darte cuenta. Llega cuando descubres que más cerca de lo que imaginabas existen personas especiales, que siempre están ahí. Personas con las que compartes adn y apellido pero que sin embargo has tardado en conocer. Un momento que no llega hasta que “la niña” se convierte en mujer, y descubre que esa persona a la que admiraba cada verano cuando era ‘una mica’, que salía y que entraba, que era alocada y divertida, risueña,… tiene más en común con ella que un simple adn.

Es en ese momento cuando “la niña” descubre a alguien con quien compartir horas de charlas mientras ambas esperan puestas de sol como excusa para seguir ‘raja que te raja’. A alguien que sabe que con tan sólo descolgar el teléfono tendrá a su lado para escucharla. Y apoyarla, siempre. A alguien a quien confiar lo menos confesable. A alguien que pregunta lo justo, y que tan sólo lo hace en los momentos justos. A alguien con quien ríe. A alguien a quien comprende y la comprende. A alguien con la que compartir las quietudes e inquietudes más íntimas.

Es familia, pero es amiga. No hacen falta dar nombres, ni rangos familiares. Ella sabe quien es y es suficiente. Como no son suficientes las palabras que pueda aquí dejarle para agradecerle ese apoyo y ese oído que me ha prestado en muchos momentos de mi vida, a veces pedido, la mayoría ofrecido. Y esos son los que más valen. O al menos, los que más me valen a mí. Gracias.

12 de febrero de 2009

Sí pero no

No me da igual, pero sí me da. Sí me debería dar pero no me da. Ya me lo dice a menudo alguien que bien me quiere. “No le des vueltas, no tiene sentido, no merece la pena”. Y en ese momento, lo juro, el chip inteligente de mi cabeza aparece como si por momentos hubiera estado plácidamente durmiendo, para que por minutos, a veces incluso por horas, deje de importarme. Y yo lo sé, no tiene sentido. Pero por más que lo sé, me importa pero no me importa que importe. Trae dolores de cabezas, enfados conmigo misma, con otros que no cumplen mis expectativas, con otros que no ven la perfección porque ni tan siquiera se molestan en buscarla, o al menos, en acercarse aunque sea de lejos a ella.

Compartir un trabajo, una vida e incluso un día con esos ‘otros’ no es fácil. Es una batalla continua entre tu chip inteligente que te anima a que no te importen esos otros, y simplemente tu chip. El que me hace ser quisquillosa, cabezota y exigente. El que me hace desde doblar unas sábanas para que queden perfectas, o el que me hace desear que el conjunto entero de mi trabajo quede perfecto. Doblo las sábanas y no hay problemas. Pero no puedo luchar por la perfección cuando no depende sólo de mí. Ya es entonces cuando me conforme con el “bien”, el “perfecto” se convierte entonces en una utopía. Llega el conformismo, y entonces es cuando el “bien” pasa a “regular”, por no decir… Y si a ‘otros’ no importa, menos aún me debería importar a mí. Pero…